16 de diciembre de 2012


Dicen los independentistas catalanes:

Cataluña es una nación oprimida por España. Castilla (después transformada en España) se anexionó a la nación catalana en 1479, dándole un barniz de "unión dinástica".

Para demostrar que mienten vamos a emplear el discurso del método de René Descartes, parte segunda primera regla:

1.- Lo primero, no admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era.

Dicen los independentistas catalanes que Cataluña es una nación oprimida por España. Y que Castilla (después transformada en España) se anexionó a la nación catalana en 1479.

 Lo de que Cataluña esta oprimida cae por pura lógica, no necesita discusión

Y que Castilla (después transformada en España) se anexionó a la nación catalana en 1479, lo vamos a razonar.

Cataluña jamás existió como nación en el siglo XV - un concepto aún no vigente pues hasta finales del siglo XVIII no consta noticia escrita de que hubiera ni una sola nación y  menos la Catalana.
 Ni lo es, ni lo fue nunca, por mucho que se insista en decir lo contrario. La historia es clara y terminante, pero un grupo de ignorantes y radicales, impulsados por unos políticos sin conciencia y sin honor, asumiendo el viejo principio goebbelsiano de que «una mentira repetida un millón de veces se convierte en una verdad», insiste machaconamente en la realidad nacional histórica de Cataluña, lo cual es absolutamente falso. No sé bien por qué ni desde qué extraños e incomprensibles intereses se insiste en tal insensatez, la cual, además, es contraria a los verdaderos intereses tanto morales como materiales de la propia Cataluña.

2.- El segundo, en dividir cada una de las dificultades que examinare, en tantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

Cataluña jamás existió como nación ni como Estado. En 1700 Cataluña era un Principado, sí, un territorio con instituciones propias, sí, pero integrado en la Corona de Aragón y en consecuencia en España. Pero ni era un Estado soberano ni era una nación. Las Cortes eran estamentales y como tales no representaban soberanía nacional o popular alguna - estamos antes de la revolución francesa - sin a los tres estados: el clero, la nobleza y tercer estado. Tampoco existía una opinión pública catalana, porque la opinión pública como tal no surge sino hasta finales del XVIII, como todo el mundo sabe.

3.- El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Leyendo a cuatro historiadores catalanes de indudable prestigio saco estas conclusiones, que aquella no fue una guerra de secesión sino de sucesión, que el mayor valedor del archiduque de Austria frente al borbón fue el almirante de Castilla, que el austracismo catalán no fue inmediato; hasta el punto que, con motivo de la boda de Felipe V en Barcelona, se produjo una eclosión de panegíricos catalanes como los de Joan Bac o Raimundo Costa. Nadie cuestionó la legitimidad de Felipe V en Cataluña hasta que en 1703 emerge la alianza internacional anti francesa y pro austriaca. Los actores españoles no fueron más que actores sucursalizados de las grandes alianzas internacionales, también es falso la afirmación de que Felipe V incorpora Cataluña a Castilla mediante el derecho de conquista. Primero, no la incorpora a Castilla. Segundo, se sabe  que Barcelona fue inicialmente leal a Felipe V y que fue asediada por una escuadra internacional anglo portuguesa dos veces: en 1704 y el 1705, por cierto esta última vez lanzando nada menos que 6000 bombas sobre la ciudad, que cayó finalmente en manos austracistas. Derecho de conquista.

Repito: fue una guerra de sucesión, no de secesión. Y lo que había en Cataluña no era un sentimiento antiespañol, sino anti francés. Ya lo dijo D. Rafael de Casanova: "Por nosotros y por la nación española peleamos".


4.- Y el último, en hacer en todo recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

Desgraciadamente, no todo el dinero recaudado en Cataluña redunda en beneficio de los catalanes: ya; ya se ocupan algunos cuando están en el poder de que eso no ocurra: caso Millet, Santa Coloma, Prenafeta, ITV, el contrabando de tabaco del conceller de ERC, las cartas de extorsión a los trabajadores de la Generalitat pidiéndoles un porcentaje de su salario para ERC - por cierto que el Sr. Vendrell fue luego ascendido a Consejero - los sueldos exorbitantes de los Presidentes de las Diputaciones - Lérida y Gerona - las colocaciones de ex políticos en empresas del sector público catalán, los gastos desorbitantes para tunear vehículos oficiales ...todo muy ejemplar: Si Rafael Casanova levantara la cabeza...y viera lo que hacen en nombre de Cataluña...y viera cómo han dilapidado aquél enorme patrimonio de la Transición que era el antiguo liderazgo catalán de una nación de 40 millones de habitantes, con sus mercados, con sus relaciones internacionales, cuarta economía de la zona euro, ... Si levantara la cabeza y se preguntara: ¿El expolio? Con toda probabilidad les contestaría: El expolio de Cataluña son los independentistas.

 

Opinión

La genuina razón para repudiar a los separatismos no es de orden económico, político o filosófico, sino moral. El independentismo se antoja éticamente rechazable no por el modo en que pudiera alterar la balanza comercial o por cómo modificaría las principales magnitudes del PIB. Si hay que combatirlo no es por eso, sino porque pretende obligar a muchos seres humanos a adoptar decisiones que bajo ningún concepto ellos desearían tomar. El secesionismo resulta perverso porque ansía forzarnos a elegir entre identidades que forman parte de nosotros mismos. No solo aspira a romper el marco legal, también quiere desgarrar a las personas. Para un nacionalista el mundo se divide en naciones; las naciones, a su vez, deben ejercer el derecho a la autodeterminación; y la autodeterminación exige acceder a la condición de estado. Pero, si bien se mira, el rasgo más singular de las naciones es que no existen.

En definitiva, ni la lengua, ni las costumbres, ni las consideraciones de índole geográfica, étnica, comercial o sentimental alguna son las notas constitutivas de una nación. La nación surge de las circunstancias políticas que la forman y la tipifican y, por ello, es tan ridículo decir que Cataluña y Vascongadas son naciones, como atribuir a Ginebra o a Zúrich igual calificativo, pues, a pesar de las enormes diferencias que existen entre la región ginebrina y la zuriquesa, no hay allí otra nación que la nación Suiza, que es quien políticamente las une y las vertebra.
En el reino de la naturaleza abundan las piedras, las hormigas, las montañas, las sardinas, los calamares, las nubes, los ríos, las gentes con sus infinitas lenguas, costumbres y tradiciones más o menos ancestrales. En el universo tangible hay de todo; de todo menos naciones. De ahí que, antes de que hiciera su aparición el primer nacionalista sobre la faz de la Tierra, acontecimiento que se produjo hacia finales del siglo XVIII, no constase noticia escrita de que hubiera ni una sola. Siempre, claro está, que no pretendamos tomar por verdaderas naciones a las diversas cofradías de estudiantes y profesores de las universidades medievales, que tal era el significado primigenio de la voz «nación». Y es que las naciones, todas, han sido creación del nacionalismo, no viceversa. Y para engendrarlas necesitó un instrumento llamado estado. Nada más peregrino, entonces, que sostener la imaginaria existencia de naciones sin estado. Nunca ha habido tal cosa.

"Hablamos de democracia y quienes desafían a la democracia están fuera del marco legal, que solo hay uno", ha indicado Rivera, quien ha comentado que CiU, ERC e ICV han ocultado las resoluciones de la UE sobre la independencia de territorios de un Estado miembro. "La UE solo admite países democráticos" y esta resolución que se presenta en el Parlament, a su juicio, pone de manifiesto que España no lo es.

"Tarde o temprano llegará un Gobierno catalán que respete la Constitución", ha afirmado el líder de C's, que ha criticado que se quiera comparar a Cataluña con el Sáhara o Kosovo.

Por eso, cuando Más posea su estadito, el siguiente objetivo será inventar la nación catalana.